La mejor forma de encauzar el proceso de crianza es cuando los padres y la familia tienen armonía, de ese modo ofrecerán para cada integrante seguridad afectiva y oportunidad de trascendencia, ésta se crea con la calidad de los momentos de convivencia.
Esto es posible por estar en el mismo tono, la misma sincronía y la misma resonancia, las individualidades quedan integradas a un nosotros donde fluye afecto sincero e incondicionalidad.
Los cerebros de padres e hijos se sincronizan y resuenan entre si cuando existe un flujo afectivo que les ofrece seguridad y confianza. Comenzarán a “vibrar” juntos, los integrantes del grupo familiar estarán disfrutando de esa cálida y segura sensación de unidad.
Así la unión amorosa en lo físico, cognitivo, emocional y espiritual tiene lugar. El contenido de este libro ofrece la oportunidad a padres y educadores de apoyarse en el conocimiento psiconeurológico para que los integrantes de una familia desarrollen su dominio en habilidades sociales, su propio manejo emocional y la comprensión cognitiva de sí mismos y se den a la tarea consciente de crear la oportunidad de convivir con placidez y certeza.